Alejandro Etchegorry
Como los jugadores de fútbol ambidiestros, capaces de subir, patear al arco desde todos los ángulos con pelota fija o en movimiento, o, bajar a marcar, sobretodo ganando, en los descuentos, como hizo al cierre de cada noche del noticiero que debía dirigir, coordinar, redactar, salir al aire y hacer su célebre “puesta a punto”, Alejandro Etchegorry, el “Vasco”, colgó los botines, por una lesión involuntaria, injusta, increíble.
Lo conocí hace más de 4 décadas en radio primero y luego en Televisión, buscando y haciendo notas; con veintipico y un estilo joven pero firme y respetuoso, sin evitar ir al grano. Su gesto era muchas veces invernal de los Pirineos y como ha dicho algún colega suyo -de los más jóvenes que él- tenía poco tiempo, pocas pulgas y “no me pongas de mal humor que me duele la espalda”.
Un ápice fuera de la dinámica del informativo diario y el Vasco era el amigo simpático y sin vueltas, proclive a conversar sin cortapisas cualquier tema, con la mejor disposición y sin la menor pose de personaje. Eso sí, periodista profesional día y noche, al servicio de la información, sin torceduras ni complicidades. Su temperamento y algún año pasado por el liceo militar, le hacían fácil la tarea de ordenar el juego, manejar el si y el no decisorios como moneda corriente, y poner en su lugar a los que, de modo recurrente, suelen demostrar que no manejan la ley del offside del periodismo. Los hay de ambos lados del mostrador. Y el Vasco, tenía brújula a mano siempre, para los que perdían el rumbo.
Periodistas señeros como Alberto Kesman, Alfonso Lessa, Aldo Silva, Antonio Ladra, Sergio Berruti y otros tantos, compañeros o no, me consta guardaban por el Vasco el respeto, la camaradería y la consideración que merecía un profesional de la noticia, de larga trayectoria en medios de prensa de primer nivel nacionales y extranjeros.
Me tocó en suerte exactamente dos años atrás, consultarlo, ofrecerle y hasta convencerlo un poco, para “asesorar y ayudar” al candidato del Partido Colorado en la necesidad de informar y comunicar al público que exige toda campaña electoral. Recuerdo su reticencia inicial a aceptar el ofrecimiento/pedido que le hiciera, porque como me dijera entonces: No tengo experiencia desde esa vereda, he sido un periodista toda la vida, pero sin actividad política. A poco de conocer al candidato y especialmente al entorno con quien luego conviviría a diario, el Vasco se encontró en su cancha nuevamente, en un nuevo papel, ahora como ayudante técnico y “ainda mais”.
Como dijo el Gral. Cr. Guillermo Ramirez (97 sobrados), ex Presidente del Tribunal de Cuentas, colorado y batllista y su amigo, nunca me enteré si era colorado o no, ni tampoco le pregunté, pero siempre supe que coincidíamos en la visión de las principales cuestiones del país. Lo mismo me pasó a mi cuando lo consulté por su tiempo y disposición. Quienes tratamos con él, vivimos su dedicación a cualquier hora, su pleno desempeño profesional y su bonhomía, amabilidad y gran humor, aún con dolor de espalda, el que sintió hasta el final.
Así es que quedamos todos sentidos, agradecidos, con su estampa viva en el recuerdo diario. Se fue rápido y nos dejó la vara alta. Como era para él y como debe ser en el Partido Colorado.
Miguel VIEYTES

